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Entonces recibe la noticia: la productora quiere que sea la siguiente estrella de Buen partido. Y aunque las citas fantásticas y las pedidas de mano no entran en sus planes, Bea acaba aceptando para luchar contra el estándar de belleza y, por qué no, tener algún que otro viaje gratis. Pero las cosas acaban complicándose con guerras en Internet, pretendientes guapos y sentimientos que florecen.
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